Tres Caminos para Generar Rentabilidad para los Accionistas con Inteligencia Artificial:
Evidencia Científica y Marco Estratégico
Por: Oscar Hernando Benavides Paz, MBA
Introducción
La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser un experimento tecnológico para convertirse en un determinante estructural de la rentabilidad empresarial y del retorno para los accionistas. Sin embargo, la relación entre la inversión en IA y la creación de valor accionarial dista de ser automática. La evidencia empírica reciente muestra una paradoja persistente: mientras el gasto global en IA alcanzó los 581 mil millones de dólares en 2025, una fracción minoritaria de empresas logra traducir esa inversión en beneficios medibles para el accionista. Un análisis de BCG sobre más de 600 empresas públicas estadounidenses encontró que solo el 6% califica como líderes reales en adopción de IA, pero ese grupo selecto supera a sus pares en retornos accionariales ajustados por industria en 9 puntos porcentuales, impulsados por crecimiento de ingresos y expansión de márgenes, no por hype inversor.
La literatura financiera y de gestión estratégica converge en que la IA no genera valor por sí misma, sino a través de mecanismos causales identificables. La presente revisión sintetiza la evidencia publicada en fuentes primarias académicas y técnicas —incluyendo revistas arbitradas, documentos de trabajo de la American Economic Association, la Reserva Federal, arXiv, MIT Sloan Management Review, McKinsey, BCG y Deloitte— para articular tres caminos diferenciados mediante los cuales la IA se traduce en rentabilidad para los accionistas: (1) el crecimiento de ingresos y la innovación, (2) la optimización de costos y la eficiencia operativa, y (3) la reducción de riesgo y la asignación estratégica de capital. Cada camino se analiza con evidencia verificable, se contrastan sus límites y se identifican los retos de gobernanza y medición que condicionan su materialización.
El principio de veracidad que guía esta revisión exige distinguir entre asociación y causalidad, entre anuncio y resultado, y entre valoración de mercado y rentabilidad económica sostenible. Cuando un dato no ha podido ser validado en fuentes primarias publicadas antes de 2026, se indica explícitamente como “evidencia no encontrada”.
Objetivos
Objetivo general: Sintetizar y validar críticamente la evidencia científica y técnica disponible sobre los mecanismos causales mediante los cuales la inteligencia artificial genera rentabilidad sostenible para los accionistas, organizándolos en tres caminos analíticamente distintos.
Objetivos específicos:
- Identificar y describir el camino de crecimiento de ingresos e innovación, con énfasis en nuevas fuentes de ingreso, pricing dinámico y expansión de mercado.
- Caracterizar el camino de optimización de costos y eficiencia operativa, distinguiendo entre reducción de costos, evitación de costos y apalancamiento operativo.
- Analizar el camino de reducción de riesgo y asignación estratégica de capital, incluyendo su impacto en el costo de capital, la resiliencia y el retorno total para el accionista (TSR).
- Contrastar la evidencia empírica disponible, señalar sus limitaciones y formular los retos de gobernanza, medición y escalamiento que enfrentan las organizaciones.
Metas
La meta de esta revisión es proporcionar un marco de referencia académicamente riguroso que permita a investigadores, directorios y equipos de finanzas corporativas evaluar si sus iniciativas de IA están alineadas con los mecanismos que la evidencia identifica como generadores de rentabilidad accionarial. De manera específica, se persigue:
- Establecer una taxonomía de tres caminos con soporte empírico diferenciable, evitando la amalgama conceptual entre productividad, rentabilidad y valor accionarial.
- Cuantificar, cuando la evidencia lo permite, las magnitudes reportadas en estudios primarios y señalar explícitamente los vacíos de evidencia.
- Derivar implicaciones prácticas para la asignación de capital y la gobernanza de la IA orientada al accionista.
Desarrollo: Los Tres Caminos
Camino 1: Crecimiento de Ingresos e Innovación
El primer camino se fundamenta en la capacidad de la IA para expandir la frontera de ingresos de la empresa mediante nuevas propuestas de valor, modelos de negocio y mecanismos de monetización. La evidencia empírica sugiere que este es el mecanismo dominante entre las empresas que efectivamente crean valor accionarial. En el análisis de BCG, la sobresaliencia en retornos totales para el accionista (TSR) de los líderes en IA se explica “enteramente por fundamentales —crecimiento de ingresos y expansión de márgenes— no por múltiplos precio-beneficio más altos”. De hecho, las empresas líderes aumentaron su plantilla a una tasa compuesta anual 3 puntos porcentuales superior a la mediana de la muestra entre 2022 y 2025, lo que contradice la narrativa de que la IA genera valor principalmente mediante reducción de personal.
El análisis de McKinsey sobre 471 empresas respaldadas por capital privado en 31 industrias identifica cuatro niveles de capacidad de IA. Las empresas en el nivel más alto —construcción de negocios— cotizaban a un múltiplo de ingresos mediano de 31x entre 2023 y 2025, el más alto de los cuatro niveles, y experimentaron un incremento de 180.000 dólares en ingresos medianos por empleado, un salto del 52% respecto del nivel tres. El mismo estudio concluye que las empresas que adoptan ampliamente la IA cotizan a un múltiplo de ingresos mediano aproximadamente 130% superior al de aquellas que la utilizan de manera oportunista. Estos datos posicionan la integración profunda de la IA en productos y servicios —no su uso periférico— como el vector de crecimiento con mayor asociación empírica con la valoración.
En el plano de los retornos accionariales, un documento de trabajo de la Reserva Federal que construye un índice de investigación y desarrollo en IA (AIR Index) a partir de transcripciones de llamadas de resultados encuentra que dicho índice se asocia con un incremento inmediato en la Q de Tobin y ayuda a explicar la sección transversal de retornos acumulados absolutos posteriores a la llamada. De manera complementaria, un estudio panel sobre empresas del S&P 500 halla que un aumento de 1 punto porcentual en la exposición a IA generativa se tradujo en un incremento del 0,26% en retornos excedentes trimestrales, y que las estimaciones de diferencias en diferencias indican aumentos promedio de precios accionarios del 2,4% trimestral tras el lanzamiento de ChatGPT.
La innovación en productos y la monetización de datos constituyen mecanismos concretos de este camino. La literatura sobre reacción del mercado a las narrativas de IA en informes corporativos muestra que las divulgaciones accionables sobre IA conducen a incrementos significativos del valor de la firma y que los adoptantes tempranos obtienen ventajas de mercado sobre competidores rezagados. Sin embargo, debe subrayarse que parte de esta evidencia mide valoración de mercado y expectativas, no rentabilidad económica realizada. La distinción es crítica: un aumento en la Q de Tobin o en el precio accionario puede reflejar expectativas de crecimiento futuro más que beneficios corrientes, y la corrección gradual de esas expectativas —como se observa en la subvaluación inicial seguida de retornos anormales positivos de aproximadamente 5% anual durante unos tres años en empresas que producen IA— sugiere que el mercado aprende con rezago.
Camino 2: Optimización de Costos y Eficiencia Operativa
El segundo camino opera a través de la reducción de costos, la evitación de costos y el apalancamiento operativo. La evidencia sugiere que este mecanismo es real y medible, pero que por sí solo rara vez produce una ventaja accionarial sostenible. El caso de Vanguard es ilustrativo: la firma reporta un retorno económico en el rango de 500 millones de dólares proveniente de IA, distribuido en cuatro “cubetas”: evitación de costos, creación de valor para el accionista, reducción de riesgo y eficiencia operativa. La empresa utiliza IA para personalizar servicios, generar eficiencias y proporcionar asesoría de inversión a bajo costo, lo que evidencia que la eficiencia operativa puede ser un componente del valor, aunque no el único ni necesariamente el dominante.
La investigación sobre el canal de costos es consistente en señalar que el efecto de la IA sobre la rentabilidad empresarial opera principalmente mediante la reducción de costos operativos. Un análisis sobre adopción de IA y rentabilidad empresarial argumenta que dicho efecto es análogo al apalancamiento financiero: reduce los costos operativos mientras los ingresos se mantienen planos o crecen, afectando primariamente el retorno sobre ventas. Estudios sobre inversión en tecnología en empresas chinas encuentran que la inversión inicial deprime el desempeño financiero, pero el efecto se torna positivo y significativo después de uno a dos años, operando mediante la optimización de procesos y la reducción de la tasa de gastos. Asimismo, la evidencia a nivel de proyecto en la industria logística muestra que la automatización digital incrementó los ingresos y las utilidades mediante la reducción de costos operativos, la mejora en la utilización del espacio de almacenamiento y márgenes de utilidad más altos.
No obstante, la literatura también advierte sobre los límites de este camino. La evidencia sobre la “paradoja de la productividad” indica que las ganancias a nivel de tarea —frecuentemente reportadas en torno al 30% de mejora— no se traducen automáticamente en ganancias sistemáticas a nivel de firma. Un documento de trabajo de 2026 señala que, a pesar de la inversión sin precedentes en IA, la evidencia empírica de ganancias sistemáticas de productividad a nivel de empresa sigue siendo desigual, un patrón que refleja la histórica paradoja de la productividad de las tecnologías de la información. La implicación es que el camino de eficiencia es necesario pero insuficiente: sin reinversión de las ganancias de productividad en crecimiento, la eficiencia puede erosionarse competitivamente. De hecho, BCG encuentra que los líderes en IA reinvierten las ganancias de productividad para escalar el negocio y crear nuevas oportunidades, en lugar de enfocarse primordialmente en recortar costos.
Camino 3: Reducción de Riesgo y Asignación Estratégica de Capital
El tercer camino es el menos intuitivo pero posiblemente el más profundo desde la perspectiva financiera: la IA puede generar rentabilidad para el accionista mediante la reducción del riesgo de la firma y la mejora en la asignación de capital. La evidencia académica de mayor rigor en esta dimensión proviene de un estudio presentado en la American Economic Association, que utiliza datos novedosos de patentes de IA y una estrategia de variables instrumentales. Los autores encuentran que “producir IA crea valor de firma mediante una disminución grande y permanente del riesgo (riesgo de flujo de caja y de retorno accionario, sistemático e idiosincrático)”. Más aún, el estudio documenta que la reacción inicial del mercado a los anuncios de patentes de IA es económicamente pequeña, pero los retornos anormales posteriores son significativamente positivos —alrededor del 5% anual— durante aproximadamente tres años, lo que sugiere subvaluación inicial seguida de corrección gradual. Este hallazgo es fundamental porque demuestra que el valor de la IA no se limita a la mejora del desempeño operativo, sino que se manifiesta en una prima de riesgo más baja, lo que se traduce en un menor costo de capital y, por ende, en un mayor valor presente de los flujos de caja futuros.
La dimensión de resiliencia refuerza este mecanismo. Un estudio publicado en ScienceDirect muestra que las empresas que adoptaron IA antes de la crisis exhibieron retornos accionarios más altos durante el pico de la crisis y una volatilidad accionaria menor en comparación con las no adoptantes. La reducción de la volatilidad no es un beneficio menor: en términos de valoración, una menor percepción de riesgo se traduce en una tasa de descuento más baja y, por tanto, en un mayor valor fundamental. Este efecto es consistente con la evidencia de que las empresas con mayor infraestructura de IA obtienen alfas trimestrales de 0,4% a 0,9% respecto de aquellas con niveles inferiores, controlando por factores de riesgo y anomalías.
La asignación estratégica de capital constituye la dimensión prescriptiva de este camino. Deloitte plantea que la IA “solo importa si se traduce en valor para el accionista” y que debe gobernarse con el mismo rigor que cualquier otra inversión estratégica, evaluando su impacto en la cuenta de resultados, la asignación de capital y los gastos operativos antes de que los márgenes se muevan. La comparación entre el retorno sobre el capital invertido (ROIC) y el costo promedio ponderado del capital (WACC) se erige como la línea divisoria: los datos disponibles hasta el segundo trimestre de 2024 indican que, excluyendo a Microsoft y Meta, los principales proveedores de nube de Estados Unidos registraban un ROIC ponderado de aproximadamente 19,9%, superior a su WACC de 9,6%. Cuando la inversión en IA no supera el costo de capital, el mercado recalibra su valoración, como lo demuestra la creciente selectividad de los inversores hacia el gasto en IA que no se traduce en retornos ajustados por riesgo.
La literatura sobre captura de valor advierte que la creación de valor tecnológico no garantiza su captura por parte de los accionistas de las empresas que financian la IA. Un análisis de MFS distingue entre la pregunta de cuánto valor crea la IA y dónde se captura ese valor, señalando que la gestión activa cobra relevancia a medida que los inversores diferencian entre las firmas que monetizan la IA y aquellas que se limitan a financiarla. Esta distinción es consistente con la tesis de que los grandes ganadores de la IA podrían ser sus clientes, no sus creadores, y que el éxito de una innovación no equivale a la rentabilidad de quienes la lideran. En consecuencia, el tercer camino exige una disciplina de asignación de capital que evalúe no solo la adopción tecnológica, sino la posición competitiva de la firma en la cadena de captura de valor.
Conclusiones
La evidencia científica y técnica revisada permite sostener que la IA genera rentabilidad para los accionistas a través de tres caminos analíticamente distintos, con magnitudes y mecanismos causales diferenciados. El primero —crecimiento de ingresos e innovación— es el que exhibe la asociación más robusta con el retorno total para el accionista y con múltiplos de valoración superiores. Los líderes en IA que integran la tecnología en productos, servicios y modelos de negocio superan a sus pares en TSR en 9 puntos porcentuales, y las empresas en el nivel más alto de madurez cotizan a múltiplos de ingresos que duplican o triplican a los de las adoptantes oportunistas. Este camino no opera principalmente mediante reducción de plantilla; de hecho, los líderes aumentan su fuerza laboral a tasas superiores a la mediana.
El segundo camino —optimización de costos y eficiencia operativa— es empíricamente verificable pero insuficiente por sí solo. La reducción de costos operativos y la evitación de costos producen mejoras medibles en márgenes y retorno sobre ventas, como lo demuestran casos como Vanguard y la evidencia sobre inversión tecnológica en empresas industriales. Sin embargo, la paradoja de la productividad y la evidencia de que los líderes reinvierten las ganancias de eficiencia en crecimiento sugieren que el valor accionarial sostenible requiere que la eficiencia se transforme en expansión de la frontera de ingresos.
El tercer camino —reducción de riesgo y asignación estratégica de capital— es el que ofrece la base financiera más profunda. La producción de IA reduce el riesgo de la firma de manera permanente y se asocia con retornos anormales positivos de aproximadamente 5% anual durante tres años, lo que indica que el mercado reconoce gradualmente una prima de riesgo más baja. Las empresas adoptantes de IA muestran mayor resiliencia y menor volatilidad en crisis, y la disciplina de comparar el ROIC con el WACC se revela como el criterio decisivo para distinguir la inversión creadora de valor de la que solo destruye capital. La advertencia sobre la captura de valor —que los creadores de IA no son necesariamente sus beneficiarios accionariales— completa este camino con una condición de posicionamiento competitivo.
En síntesis, los tres caminos no son mutuamente excluyentes ni secuenciales en un sentido rígido, pero la evidencia sugiere una jerarquía: el crecimiento es el motor dominante del TSR superior, la eficiencia es un habilitador necesario pero subordinado, y la reducción de riesgo y la asignación disciplinada de capital son los multiplicadores financieros que determinan si el valor tecnológico se traduce en valor accionarial sostenible. La implicación para directorios y equipos de finanzas es clara: la pregunta relevante no es cuánto se invierte en IA, sino a través de cuál de estos tres mecanismos se espera que esa inversión supere el costo de capital y se capture en el retorno del accionista.
Retos
La materialización de los tres caminos enfrenta retos sustantivos que la literatura identifica y que deben ser abordados con rigor académico y práctico.
Reto 1: La brecha entre adopción declarada y adopción real. Solo el 6% de las empresas califica como líderes reales en IA, aunque el 75% de las empresas del S&P 500 menciona la IA en sus llamadas de resultados. Esta brecha entre narrativa y ejecución implica que una parte significativa del “valor” observado en el mercado puede corresponder a expectativas no fundamentadas. El reto es desarrollar métricas outside-in que distingan la capacidad tecnológica real de la comunicación estratégica.
Reto 2: La paradoja de la productividad y el rezago temporal. Las ganancias a nivel de tarea no se traducen automáticamente en ganancias a nivel de firma, y los retornos de la inversión en IA pueden tardar de dos a cuatro años en materializarse, con una mediana de retorno en torno al 10% y aproximadamente un tercio de las implementaciones generando ganancias limitadas o nulas. El reto es gestionar las expectativas de los accionistas durante el período de maduración y evitar tanto la sobreinversión como el abandono prematuro.
Reto 3: La captura de valor en un ecosistema asimétrico. La evidencia indica que los grandes beneficiarios de la IA podrían ser los clientes y no los creadores, y que el flujo de capital en el ecosistema de IA presenta características circulares que complican la evaluación de la rentabilidad real. El reto es que las empresas adopten una perspectiva de cadena de valor que evalúe su posición de captura frente a proveedores de infraestructura, modelos fundacionales y clientes finales.
Reto 4: La gobernanza de la inversión en IA como decisión de asignación de capital. Deloitte advierte que la IA no es un asunto de una unidad de negocio sino de toda la empresa, y que la inversión debe corresponder a las ambiciones organizacionales y gobernarse con el mismo rigor que cualquier otra inversión estratégica. El reto es integrar la IA en el proceso de asignación de capital, comparando explícitamente el ROIC ajustado por riesgo con el WACC y evitando que la inversión en IA se convierta en un centro de costos sin rendición de cuentas.
Reto 5: La medición del valor accionarial más allá de la valoración de mercado. Gran parte de la evidencia sobre el “valor” de la IA se basa en precios accionarios, Q de Tobin o múltiplos de ingresos, que reflejan expectativas más que rentabilidad realizada. La literatura sobre subvaluación y corrección gradual —con retornos anormales de 5% anual durante tres años— sugiere que el mercado aprende con rezago. El reto es construir métricas que capturen el valor económico realizado —flujos de caja descontados, retorno sobre capital invertido, ganancias económicas— y no solo la reacción del mercado a los anuncios.
Reto 6: La evidencia no encontrada. A pesar de la abundancia de estudios sobre adopción de IA y desempeño financiero, no se ha identificado en la literatura revisada un análisis causal de largo plazo —más allá de tres a cinco años— que vincule la inversión en IA con el TSR de manera consistente en múltiples ciclos económicos. Tampoco se encontró evidencia verificable que permita establecer un ordenamiento universal de los tres caminos por magnitud de impacto, dado que los resultados dependen del sector, del nivel de madurez digital y del horizonte temporal. Estos vacíos constituyen una agenda de investigación prioritaria.
Referencias
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